martes, 28 de junio de 2011

Sólo existe el pasado


Qué es en definitiva el futuro? Un cúmulo de acontecimientos que imaginamos vendrá, que la mayoría de las veces trabajamos en el presente para que en ese futuro sucedan, un tiempo que está en nuestra imaginación, en nuestros proyectos, en nuestros sueños... Pero en realidad, a mi entender, el futuro no existe, cuando llegamos a él ya es presente e inmediatamente pasado. Por eso soy una convencida que el verdadero tiempo existente es el pasado, lo que hacemos cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, inmediatamente pasa a ser pasado y allí queda, ese es el único tiempo estático, el presente es absolutamente dinámico, el futuro es inexistente, el pasado es el único tiempo que verdaderamente existe, porque queda en nuestros recuerdos, en las obras que hemos hecho, ya sea pequeñas, cotidianas o grandes obras.
 Por todo esto es que creo que a Juan Carlos y a mí quizás no nos cambiaron el futuro, éste cuando llegó a ser presente se desarrolló de una manera particular que no fue la soñada por nosotros y justamente fuimos nosotros mismos los que hicimos que de la forma que pudimos esta relación permaneciera en el tiempo, y en qué tiempo? Nada menos que en el pasado. Porque cuando ocurrieron los breves encuentros, fueron tan efímeros y además vividos tan intensamente que con mayor vigor se transformaban en pasado, porque ese tiempo que estuvimos juntos fue tan especial para nosotros que se fue rapidísimo y no duró nada, era tanta la pasión, la desesperación por vernos y estar juntos, un encuentro tan largamente esperado, que justamente, confirmando mi teoría en pocas horas fue pasado y cuando yo volvía en ese avión que me había llevado en la mañana y eran las ocho de la noche y lo estaba tomando de regreso, todo lo vivido ya estaba en el pasado, ya era parte de nuestra historia de vida, ya era un recuerdo el cual yo por lo menos, viviría acariciando el resto de mis años.
 He analizado mucho cómo se dieron los acontecimientos en nuestra relación y llegué a la conclusión expresada, porque sino tengo que culpar a todos los que tuvieron algo que ver para que nuestros sueños no se cumplieran, o de lo contrario no queda otra que creer en el destino y pensar que el nuestro estaba marcado así y así se dio. Pero esto último me parece mucho menos probable porque yo no creo en los destinos marcados previamente, yo creo que uno va armando su propia historia con las actitudes que cada uno tiene en la vida, con la manera con que enfrenta sus situaciones y en este punto tengo que decir que aquí me responsabilizo yo misma de no haberme impuesto a la voluntad de mis padres para quedarme en Sáenz Peña y poder seguir con Juanqui como estábamos.
 Pero en fin, era muy jovencita y tuve unos padres muy déspotas, en mi familia se hacía lo que ellos decían y nada más. La opinión de los hijos no se tomaba en cuenta.
 Por lo tanto mi padre y mi madre decidieron volver y por esa ruta que lidera este blog, volvimos a Buenos Aires en nuestro auto y esa imagen mirando por la luneta trasera fue la última que yo tuve de mi amado Sáenz Peña, donde quedaba el que sería, y yo ya lo sabía, el amor de mi vida y para siempre, porque han pasado cuarenta y dos años y yo sigo amándolo... aunque él ya muy poco me recuerde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario